
Episode 34
Episode 134 | 45m 10sVideo has Closed Captions
The Sanfuentes attend a funeral. Ramírez ends his relationship. A supervisor visits Gaspar.
The Sanfuentes family coldly attends the funeral of the sailor they themselves ordered to kill. Meanwhile, Ramírez ends his relationship with "la gato" and, hurt, she returns to seek comfort from a lifelong friend. Gaspar receives a visit from a supervisor who will start an investigation against him for all the irregularities that have occurred at the barracks since his arrival.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 34
Episode 134 | 45m 10sVideo has Closed Captions
The Sanfuentes family coldly attends the funeral of the sailor they themselves ordered to kill. Meanwhile, Ramírez ends his relationship with "la gato" and, hurt, she returns to seek comfort from a lifelong friend. Gaspar receives a visit from a supervisor who will start an investigation against him for all the irregularities that have occurred at the barracks since his arrival.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship[♪ música de tensión] [disparo] - ¡Alto!
¡No se muevan!
- ¡Miente!
[disparos] [quejidos] [♪ música de tensión] [explosión] [♪ música de tensión] [disparos] [perros ladran] [♪ música de tensión] - Vamos, señora.
Vámonos.
[motor no enciende] [habla en voz baja] - Calma, calma.
Lo hicimos por Gaspar.
- Sí.
[motor enciende] [claxon] - Hace rato que no te veía así, medio pilucho.
Antes tú siempre decíai que íbai a encontrar al lacho que tenía tu mamá que te hizo eso, ¿te acordái?
Yo te decía que te iba a ayudar a encontrarlo.
- Todavía lo estoy buscando.
- Todavía te puedo ayudar.
¿Pa dónde vai tan temprano, Negro?
- Tengo una conversación pendiente con el Pedro.
- No.
Yo ya no quiero más peleas entre hermanos.
No vayái a pelear, Negrito.
- Pedro ya no es mi hermano, huevona.
Esa huevada nunca fue como nosotros.
- No digái eso, Negro, el Pedro sigue siendo bueno, lo que pasa es que los futres le llenaron la cabeza de pajaritos, eso nomás.
No, Negro.
Ya, si tú no vai a ninguna parte.
- Córrete, déjame pasar.
- Oye, oye, oye, lo que pasó con el Pedro, si también fue culpa mía.
Si yo fui catete igual.
Fui superporfiada, yo te debería haber escuchado, no te, no te escuché o no te hice caso.
Mírame, mírame.
Las cosas no se arreglan peleando y menos entre nosotros, ¿ah?
El Pedro, Pedro sigue siendo el mismo, huevón, aunque esté medio mareado, sigue siendo el cabro chico que llegó ahí al, al cementerio, ¿te acordái?
El mismo.
¿Sabís lo que vamos a hacer nosotros?
Vamos a ir a tomar desayuno, nosotros dos.
¿Mmm?
- Tengo un poco de pan y mate.
- Bah, qué divertido.
No séai fome, pos, Negro, vamos al Colonia.
- ¿Para qué querís ir a meterte al Colonia?
- ¿Pa qué va a ser?
Pa comer rico.
- [Ester] Se va a tomar este tecito porque le va a hacer muy bien para sus nervios.
- [Gregorio] Qué noticia más lamentable.
No... Ay, bien.
Sí, sí, sí, ahí nos vemos, gracias.
Era el secretario del Círculo de Oficiales.
Es para informarme que anoche falleció el comodoro.
No entiendo, sí, sabía que estaba enfermo con, con algún problema en los pulmones, pero yo pensé que podía dar la pelea.
Uy, qué pena más grande.
Vamos a tener que ir a darle el pésame a Aida.
- No... - [murmullos] - Señora, tómese su té.
- A los Atkinson los conocemos de toda la vida, debe estar destruida.
- Sí, sí, Gregorio.
Lo que pasa es que no me siento bien, y está... - Bueno, ¿pero qué te pasa, mujer?
¡Por Dios!
Por lo menos guarda las apariencias, ¿no?
Soy el presidente del Círculo de Oficiales y se supone que tú eres mi mujer, me vas a acompañar.
Voy a avisarle a Juvenal para que prepare el auto.
Qué espanto.
- No voy a ser capaz, Ester.
No voy a poder enfrentarme a Aida.
- Señora, contrólese o lo va a echar todo a perder.
- Tome.
Muchas gracias.
- Gracias.
- Don Neftalí, ¿qué les digo?
¿Que se vayan mejor?
- No, no, no, no te preocupes, yo, yo me encargo, ¿ah?
Buenos días, ¿en qué lo puedo ayudar?
- Yo ando como antojada con un pedazo de torta así, de matrimonio, como, ¿le tiene que haber sobrado ayer, o no?
- No sé qué torta se refiere, Pero le podemos ofrecer cualquier otra cosa.
- Ya no se preocupe, yo voy a querer un café, el Negro también, dos cafés bien cargados y el pedazo de torta más caro que tenga.
- Ese vendría siendo la Reina Victoria.
- Ese, el de la Reina Victoria, y también voy a comer un sándwich como el que se está zampando ahí la veterana, ¿está rico?
- Eso vendría a ser un ave pimiento, permiso, lo atiendo enseguida.
- ¿Por qué molestái al viejo?
¿Qué culpa tiene?
- Quiero comerme un pedazo de torta, ¿qué culpa tengo yo?
¿Qué tiene de malo?
La pinturita.
Doctora, ¿qué está haciendo por aquí?
Yo ya la hacía subiéndose al barco, yéndose a su luna de miel, ¿qué pasó?
¿Se arrepintió?
¿Ah?
[♪ música de tensión] - ¿No cree que es muy temprano para estar tomando?
- ¿Qué importa, Ester?
- Me importa.
Me duele verlo así.
- ¿Y cómo querés que esté?
Todo esto es... ...es tan confuso.
No... ...no tiene lógica, ¿no te parece?
¿O simplemente soy un imbécil?
- No, no, No diga eso, mi amor, usted, usted es... - Dime algo.
¿Tú sabías que tu sobrina tenía predilección por los delincuentes?
- ¿Por qué dice eso?
- Porque parece que Eloísa... ...me cambió por Pedro Ramírez.
Así es.
- Pero ¿usted sabe algo, vio algo?
- Algo sospeché al principio, pero, pero no quise creerlo, o sea... ...que Eloísa estuviera con ese tipo, era... ...era casi ofensivo pensarlo, pero... - Mi amor, lo que usted está diciendo es muy serio.
Yo sé que, que a Eloísa le gusta juntarse con ese tipo de personas, pero de ahí a que realmente pudiera hacer algo... - Esa obsesión, esa obsesión de tu sobrina por defender a esos delincuentes, y es infeliz, siempre estuvo ahí, siempre estuvo ahí rondándola Y ella no quiso alejarlo, no quiso poner límites.
No sé qué pensar.
No sé si estoy delirando, soy el, el más idiota de los idiotas.
- No es el más idiota, imagínese, una mujer tendría que estar totalmente loca para fijarse en ese hombre y no fijarse en usted que usted es tan hermoso.
[gritos a lo lejos] - Usted váyase a la cocina, yo sé perfectamente lo que hago.
Gaspar, mi amor, oh.
- Señorita Josefina, don Gaspar necesita descansar, él no está bien.
- Ay, pobrecito, mi amor, yo sabía que tú no tenías que confiar en esa doctorzuela ordinaria.
Ay, mi amor.
¡Oh!
- Nos vemos más tarde, papá.
- Ya cuente, doctora.
¿Quién se arrepintió, fue usted o fue el futre?
¿Ah?
Cuente, que queremos saber.
- Gato, este no es un tema para estar hablando en este lugar y menos contigo.
- Sabe que ahora que la estoy mirando, yo me doy cuenta de que fue usted la que le dio el chute al futre, ¿no?
¿Ah?
No estaba tan segura como le hacía parecer a todo el mundo, ¿verdad?
O quizás fue el futre que se dio cuenta de que se te caen las babas por el Pedro Ramírez, ¿será eso?
Pobrecito el tira de estar ahí en el suelo, triste.
- A ver, Violeta, escúchame bien, cualquier cosa que tú quieras decirme, tú sabes perfectamente dónde me puedes encontrar, pero aquí no, no te voy a permitir que vengas a este lugar, al café de mi papá a hacerle un escándalo porque él no tiene nada que ver con esto, ¿te quedó claro?
- Mucho, ya, vamos.
- ¿Te quedó claro?
- ¡Suéltame!
[♪ música de tensión] [♪ música triste] - Vamos a ver a Aída.
- Sí, sí.
Sí.
- Aída.
Doy mis más sentidas condolencias.
De parte de mi familia y, y también del Círculo de Oficiales Navales en Retiro, la partida de Teodoro es, sin duda, una pérdida inconmensurable no solamente para la institución, sino que también para el país.
- Muchas gracias, Gregorio, muchas gracias.
[♪ música emotiva] - Aida... - Antonia, querida.
[♪ música de tensión] Acompáñame.
Siéntate aquí conmigo.
Querida.
Teodoro los quería tanto a ti y a Gregorio, tanto.
Es terrible.
[♪ música de tensión] - No voy a insultar tu inteligencia diciéndote que lo siento porque tú y yo sabemos que eso no es verdad, pero sí siento mucha pena por ti.
Y créeme que sé lo que estás sintiendo.
Tú te enamoraste de esa doctora, así como yo me enamoré de ti.
Y se siente como si alguien te arrancara una parte de ti.
¿Me equivoco?
Bueno, y voy a decir algo que va a sonar muy horrible, yo lo sé.
Ella no te merecía.
Era una ordinaria.
Cada oveja con su pareja, Gaspar, así debe ser, y me tienes aquí para lo que necesites, puedes confiar en mí, ¿ya?
- Me... ¿...me puedes responder algo con total franqueza?
- Claro que sí.
- ¿Tú crees que hay algo mal conmigo?
Como hombre.
- Ay, por favor, Gaspar, ¿qué estás diciendo?
¿Qué puede haber de malo en ti?
Eres perfecto.
De no ser porque te enamoraste de una ordinaria.
[♪ música de tensión] - ¿Segura que nada?
- Segura.
Yo jamás te habría dejado, Gaspar.
[♪ música emotiva] Ya, es mejor que... [♪ música emotiva] [♪ música de tensión] - Shh, tranquila, tranquila, tranquila.
Tranquila, tranquila.
Vamos a tomar aire, ven, ven, ven, ven.
Ven.
[♪ música emotiva] - Ya.
Ya basta, Gaspar, basta.
¡Basta, Gaspar!
Ya, su-suficiente, Gaspar, ¡suficiente!
¡Suficiente!
Suficiente.
Ya.
Mmm.
No es que me esté quejando ni mucho menos, pero, ¿pero qué es todo esto?
[golpes en la puerta] - Espera.
Un segundo.
[golpes en la puerta] Ester.
- Llamó el detective Soto y le dejó un recado.
- ¿Qué dijo?
- Que tenía que ir inmediatamente al cuartel porque llegó alguien de Santiago.
- Gracias, Ester.
- De nada.
[resoplido]] - Ah, ¿qué pasa?
¿No se supone que habías dejado ese trabajo?
- Debe ser el contralor que mandaron de la Dirección Nacional.
Tengo que irme, te llevo.
- Ando en auto.
Gaspar, ¿no, no me vas a contestar?
¿Qué fue todo esto?
- Josefina, no... ...no sé qué decirte.
- Bueno, entiendo que, que estás herido, no te voy a presionar.
Podemos hablar otro día o más tarde.
No sé.
- Vamos, mejor.
[♪ música de tensión] - ¿Cómo te sientes?
- Mejor, mejor.
- ¿Qué pasó ahí adentro?
Si no llego a tiempo, te caes dentro del ataúd.
- No seas antipático.
- ¿Eras muy cercana a Atkinson?
- Cercana de toda la vida.
Y me causó mucha impresión verlo ahí.
- No sabía que eras una mujer tan impresionable.
- No lo soy, pero estoy muy cansada.
- ¿Cansada?
Y distraída.
- ¿Por qué lo dices?
- Hice lo que me pediste y no me has dado las gracias.
Nuestro querido Cárdenas ya es gobernador.
- Tienes la razón, perdón, perdón, es que... Eh... - ¿Qué?
- Todo esto de Gaspar... ...me tiene mal.
- Antonia, mírame.
Mírame.
¿Qué está pasando?
Cuéntame.
Confía en mí, yo he hecho cosas por ti, cuéntame qué está pasando.
- Antonia, ¿qué fue lo que pasó?
- Se sintió mal.
- Me dijeron que casi te desmayaste, ¿es verdad?
- Sí, me... ...me faltó el aire y Bormann me acompañó... ...para que me sintiera mejor.
- Como siempre, un caballero, ¿no?
- No siempre.
- Gregorio, vamos.
- Vamos.
[♪ música de tensión] - Y dígame.
¿Dónde está ahora nuestro amigo?
- En el fondo del mar con varios kilos de lastre para que no vuelva a salir a la superficie.
No fue fácil, en todo caso, el hombre tenía sus mañas.
Casi mata a una de las mujeres de mi banda.
- Muy bien, muy bien, por eso le encargué a usted esta misión, necesitaba un hombre con sus habilidades.
Buen trabajo.
Ahora que ese espía británico no existe, vamos a dar luz verde al desembarco de las armas.
Lo haremos esta misma noche, y necesito que usted reúna a su mejor gente para este trabajo.
Nada puede salir mal, señor Ramírez.
- Perfecto, Señor Braun.
- Justo ahora al Negro y a la Gato se le ocurre mandarse a cambiar.
- Yo conozco a varios cabros que nos pueden ayudar, son compadres choros, decididos.
el Caretorta, el Pelao, el Longas, el Navajas, el Chueco Gandía.
- Mira, si el tema no es la gente, Peineta.
Estoy seguro que el puerto está lleno de choros que le encantaría ganarse unas monedas con nosotros, pero este trabajo es muy importante y mucha plata, huevón, nunca habíamos tenido una oportunidad así, no puede salir nada mal, necesitamos gente de confianza al lado.
- Es que a ti se te ocurrió el peor momento pa darle el chute a la Gato, te hubieses aguantado un ratito más, po.
Viste que no siempre soy tan vivo.
- Ya.
Para la tontera, espérame acá.
- ¿Pa dónde vai?
- Espérame acá, te dije, no te tengo por qué dar explicaciones.
- Ya.
[♪ música emotiva] - Hasta luego, mi Negrito.
- Chao, cuídese.
- Gracias, igual.
- ¿Todo bien?
- ¡Niño!
Dios me lo bendiga.
- Muchas gracias, - Todo bien... - ¿Necesita algo?
- No se preocupe.
No, no, no, nada, nada.
- Tome.
- Oh.
Pero no había para qué.
- No me cuesta nada.
- Muchas gracias.
- De nada, que le vaya bien.
- Dios me lo bendiga.
- A usted, igual.
Negro.
- Pedro.
- Si quisierai, podríai vivir mucho mejor y no estar metido en esta ratonera.
- De cabro chico vivo en una ratonera, vos también, ¿cuál es el problema?
- Se llama progreso, Negro, eso es lo que mueve al mundo, las ganas de surgir, de salir del hoyo.
- A lo mejor me gusta estar metido en el hoyo, ¿a qué venís?
- ¿Dónde está la Gato?
Tengo que hablar con ella, necesito que vuelva.
- ¿Pa qué la querís?
- Eso no es asunto tuyo.
- Ya te dije, ya.
Si seguís haciendo sufrir a la Gato, voy a tener problemas conmigo, huevón.
- ¿Sabei qué, Negro?
Ya me tenei cansado con tu tontera, tú me conocís, no me gusta que me amenacen.
Yo a ti te tengo cariño todavía, huevón, crecimos juntos, hemos pasado por muchas cosas, pero no abusei de mi paciencia, huevón.
No abusei.
- ¿Qué haces vos acá?
- Necesito hablar contigo de algo importante.
- Permiso, gracias, permiso, gracias.
- Ya.
- Disculpe, perdón, permiso.
- Caballero, ¿para dónde va?
- A ver a la doctora.
- Hoy día está atendiendo a los puros niños, ¿no ve que están inscribiendo para esa cosa del Ministerio de Salud?
- Discúlpeme, señora.
Pero yo no vengo a atenderme.
Yo vengo a ver a la doctora González, que es mi hija, permiso.
- Oiga.
- ¿Qué pasa?
- Qué orgullo debe sentir usted, ¡es el papá de la doctora!
[aplausos] - Qué bendición debe ser tener una hija como la suya, yo le hice una manda a la Santa Rita de Casia para que no se nos fuera la doctora y mire que es cumplidora mi santa.
Oiga.
Yo no sé qué habríamos hecho sin ella, ¿sabe?
De nuevo estaríamos meses y meses esperando para que nos atiendan en el hospital.
[♪ música emotiva] - Ya, pero, Lilo, no te muevas, ahí, a ver, 34.800, te falta así un poquito para estar en tu peso.
- Este tiene menos carne que mi bicicleta de carreras.
- Y vos, parecí palo de helado, - vamos, pelao.
- Ya.
- ¿De qué se ríen ustedes?
- Ya, pues, niños.
Pónganse serios, oigan.
- Lo que pasa es que los dos estamos contentos porque usted se quedó acá, po, ¿sí o no?
- Sí.
- Y tú me hiciste una promesa Si yo me quedaba, ¿te acuerdas?
- Sí, pues yo lo voy a cumplir esa promesa.
- ¿Sí?
- Sí.
- 41.
A ver, ¿quién más?
- Permiso.
- ¿Usted?
Venga, pues.
Arriba, a ver.
- Gracias.
- Permiso.
Buenos días.
- Buenos días, adelante, por favor.
- Papá.
¿Le pasó algo?
¿Se siente bien?
- No, no.
Tranquila, hija, tranquila.
Venía a conversar con usted.
- Vaya nomás, doctora, yo sigo con los niños.
Ahí está, 20.400.
Te falta.
- Permiso.
- Vaya.
- Gracias.
- ¿Y tú, te vas a pesar?
Ya, venga.
A ver, arriba.
Eso es, si no pasa nada, si no te voy a hacer nada.
- Qué importante lo que has hecho aquí, hija.
La gente me contaba fuera que había hecho mandas para, para que no te fueras.
- ¿Ve, por qué no me fui, papá?
Lo que puedo hacer acá, puede cambiar la vida de estas personas.
- Bonito, muy bonito.
Pero al mismo tiempo llega una mujer al Colonia a decirte cosas de Pedro Ramírez, delante de todos los clientes.
- Perdone, papá, usted no se merecía ese espectáculo en el café.
- A mí me gustaría saber la verdad de su boca, no enterarme por la calle o por una mujer que va a gritar al café.
Usted no tiene nada con ese hombre, ¿verdad?
- No, papá, yo no tengo nada con Pedro Ramírez.
- ¿Entonces por qué esa mujer va a decir todo lo que dijo con tanta seguridad en el café?
- Bueno, porque Violeta es una mujer que lo ha pasado muy mal en su vida y está acostumbrada a actuar así.
- Tú me dices que no tienes nada con ese hombre, yo le creo, ¿pero tampoco siente nada por él?
- No, papá, yo no podría estar con un hombre así, a mí no se me olvida que Pedro Ramírez es un delincuente.
- Yo como padre tengo la obligación de recordarte que uno se puede demorar una vida en construir una reputación, pero la puede perder en un abrir y cerrar de ojos.
No hay nada más importante para una mujer que su reputación y su honra, hay un dicho: "La mujer del César no solamente debe serlo, sino que parecerlo".
- Y me va a perdonar, papá, pero voy a tener que seguir trabajando.
- A veces me cuesta tanto entenderte, hija, tanto.
Si no te importa perder tu reputación, piensa en esa gente, en lo importante que eres tú para esa gente.
Si llegases a tener algo con ese delincuente, la gente importante de esta ciudad no te lo perdonaría, ya dejaste plantado un Sanfuentes Williams.
No abuses de tu suerte, hija.
[♪ música de tensión] - ¿Estás bien?
- Ay, hermana.
Ni sé qué me está pasando.
Le juro que no sé qué cresta me está pasando.
- Tranquila.
- Gatito, necesito que volvai conmigo.
¿Hasta cuándo vai a vivir acá de allegada?
¿Ah?
- Estoy bien acá.
- Mira, yo sé que hemos tenido problemas, que bueno, te he fallado, pero ya vamos a tener tiempo para conversar y para que limemos nuestras asperezas.
Ahora te necesito a mi lado.
- Eres bien raro, tú, Pedro Ramírez, un día decís una cuestión, al otro día decís otra, ¿tú de verdad querí que yo vuelva contigo?
- Claro que sí.
Necesito gente de confianza a mi lado, gente que me cubra la espalda, gente que, gente que le pueda confiar la vida, mírame.
Lo de esta noche es muy importante, es mucha plata, Gato, no le puedo fallar a ese alemán.
Estoy, estoy moviendo todo, estoy cubriendo todos los, todos los lugares, recolectando gente, tengo seguridad en los muelles, en las calles, pero hay cosas que no las puede hacer cualquiera, y para eso te necesito a ti.
- Quiero la mitad, quiero la mitad de la plata que te paguen.
- ¿Estái hablando en serio?
- Bueno, vos querí gente de confianza, ese es mi precio.
- Tengo que pagarle al Peineta, a la otra gente, ¿de dónde querí que saque la peineta?
- Bueno, y el Peineta que vaya con sus amigos.
con el Caretorta, el Careputa, pero a mí no volvai a buscar, ¿escuchaste?
Nunca más.
- Te estái aprovechando.
- Sí.
- Te estái volviendo loca, ese huevón te está metiendo cosas en la cabeza.
[♪ música de tensión] - ¿Cómo te sientes, Antonia?
Tu señora casi se desmaya en el funeral, ¿por qué mejor no llamas al doctor para que venga a revisarla?
- No, no es necesario, me siento mucho mejor.
Si no fuera por el siempre diligente Bormann que cada día está más caballero, quizás hubiese terminado en el suelo.
- Lo que pasa es que la señora ha pasado por muchos problemas, si me permite.
Claro, tratando de resolver los problemas de Gasparcito, y ahora el fallecimiento de este caballero.
- Es cierto eso, Ester.
Pero los caminos del Señor son misteriosos.
- Misteriosos, ¿cómo?
- Creo que fue muy triste, pero muy conveniente la muerte de Atkinson, ya nadie le va a poder hacer preguntas.
- ¿No estás hablando en serio?
- No me siento bien al insinuarlo, pero ahora tenemos a un oficial para culpar por la muerte de Anselmo Brito.
[♪ música de tensión] - Creo que no perdemos nada llamando a Cárdenas.
- ...pero Santiago.
- Implacable, huevón.
- ¿Sí?
- Buenas tardes.
- Buenas tardes, señor Sanfuentes.
- Señor Sanfuentes.
Lamentamos lo sucedido.
- Con permiso.
- Comisionado.
Es el contralor que mandaron de Santiago.
Supe lo de su matrimonio, lo lamento.
- Parece que las noticias vuelan en este puerto, ¿y qué es lo que se dice?
¿"Sanfuentes, el imbécil", "Sanfuentes, el cornudo"?
- No merece la pena atormentarse tanto, comisionado.
[golpes en la puerta] - Permiso.
Soy Gaspar Sanfuentes Williams.
- Sanfuentes Williams, no había visto un policía con apellidos tan rimbombantes, bueno, aunque en estricto rigor usted no es policía, ¿no?
Es un ventanero, como decimos en la institución a los que entran por la ventana.
Soy el contralor Ricardo Echandía Gómez, discúlpenos si no estamos a su altura.
Espero que haya sido informado por la Dirección Nacional que he venido a hacer un sumario administrativo en contra de este cuartel dado los lamentables resultados de su administración, dos policías muertos.
- Me gustaría decir algo antes... - No me interrumpa, Sanfuentes, por favor, ¿ah?
Quiero que sepa que mientras dure la investigación su renuncia no será aceptada, es más, queda inmediatamente suspendido de sus funciones para evitar que interrumpa la investigación.
- Mi intención no es interrumpir nada, de hecho, mientras antes termine esto, mejor para mí, tengo una oferta laboral que me está esperando en el extranjero.
- Una oferta laboral en el extranjero, ¿y usted no está al tanto que no puede abandonar el territorio nacional mientras dure la investigación?
- Sí, sí fui informado, pero ¿cuánto cree que se puede demorar este proceso?
- Bueno, si está apurado, tome asiento, podemos comenzar inmediatamente, como usted guste.
Espero que no le moleste que utilice su escritorio.
- Estoy suspendido, así es que no lo voy a usar, adelante.
- Bien.
Detective.
- Contralor.
- Me imagino que sabe algo de dactilografía.
- Por supuesto, señor.
- Ella es la detective Sara Levy, viene en reemplazo del detective Heim.
- Señor Sanfuentes.
- Buenas tardes, detective.
- Usted se preguntará qué hace una mujer en la policía, yo me pregunto exactamente lo mismo.
Espero que por lo menos escriba rápido a máquina, pase.
- Permiso.
- Rápido, que no tenemos todo el día.
Anote.
A 3 de junio de 1937, en la ciudad de Valparaíso y por encargo de la Dirección Nacional, se inicia el sumario administrativo contra el comisionado Gaspar Sanfuentes Williams.
[♪ música emotiva] - [Violeta] ¡Negro, Negrito!
¡Negrito!
Ya estái con los monos.
- Oye, ¿de nuevo?
- Tomando mate, tómate un trago conmigo.
- No, no quiero.
No séai fome.
- No quiero, déjame.
- Apa, tómate un traguito.
- Dije que no quiero.
- Pero tómate uno, no séai fome, Negri... - Ya córtala.
- Ah.
Estái todo el día ahí con los monos trabajando, ya córtala.
Perdón.
Se te cayó... - Para.
- Se rompió.
- Córtala.
- Perdón, Negrito.
Yo parezco hombre, ¿cierto?
¿Parezco hombre?
- ¿Qué estái hablando?
- ¿Un marimacho?
Dime la verdad, po, Negro, si para eso somos hermanos.
Con esta ropa, con esta pinta, yo... Yo parezco hombre, po.
Soy fea.
Soy superfea, soy ignorante.
No sé leer, ni siquiera sé leer, po, Negro.
No como la doctorcita, no como esa muñeca, si por eso el Pedro a mí no me mira.
- Déjate de hablar huevadas, ¿querí?
- Soy fea.
Porque soy una fea de... si eso es lo que pasa.
- No, no, no.
Para, para, para, mírame, mírame, mírame, mírame, para.
Presta, pasa, pasa.
- Pa... - Mira, escúchame.
Ni la doctora... ...ni ninguna señorita del barrio inglés.
Tú para mí eres la más bonita.
- ¡Ja!
Ya, Negro, que decís tonteras.
A mí no me mintái, ¿ah?
No me digái mentiras.
- No te estoy mintiendo.
Mírame, mírame.
Yo te encuentro bonita desde que éramos cabros chicos.
Desde que dormíamos juntos en el cementerio, ¿te acordái?
Cuando prendíamos la fogata, te iluminaba la cara.
Yo me quedaba mirándote toda la noche hasta que te durmierai.
Yo me podía quedar dormido mirándote.
Yo he llegado a soñar contigo.
- ¿De verdad?
- No, para, para, para.
- ¿Qué?
¿Porque me encontrái fea también?
¿Por eso me decís: "Para"?
- No, no se trata de eso.
Oye.
- ¿Entonces?
Ven, po.
Ven, po, Negro.
Dame un beso.
Dame muchos besos.
[♪ música emotiva] [♪ música de tensión]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















